“La UE, el premio de la discordia”, artículo de julio para NHU

“La UE, el premio de la discordia”, artículo de julio para NHU

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Artículo publicado en el número de julio del periódico de Lavapiés, La Latina y Embajadores, editado por Nación Humana Universal.

El Día Mundial de la Persona Refugiada ha coincidido este año con la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la UE.

Parece una broma de mal gusto la concesión de este premio a una Unión Europea que está siendo señalada por la mayoría de organizaciones que trabajamos en cooperación y asilo como uno de los máximos responsables de las miles de muertes de personas que tratan de alcanzar las fronteras europeas en busca de refugio.

En una muestra de cinismo teñida de generosidad Europa se comprometió a acoger a  160.00 personas del más de medio millón que han logrado entrar en sus fronteras procedentes solo de Siria. Dado el bienestar económico del que disfrutamos en este continente, esta supuesta generosidad contrasta con el esfuerzo de países como Líbano, donde una de cuatro personas del total de su población es una persona refugiada.

La resistencia a acoger por parte de la UE contrasta vivamente con los derechos que dice proteger e impulsar. Durante su proceso de integración, los países comunitarios se dotaron de una Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea que en su artículo 18 garantiza el derecho de asilo dentro del “respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado de la Unión Europea y con el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea”. Los países europeos fueron además impulsores y firmantes de la Declaración universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 14.1 establece que, en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país.. ¿La UE reniega de los derechos humanos que declaró e impulsó?  ¿O bien esa declaración pecó de ingenua y cortoplacista, sin llegar a prever lo que podría ocurrir?

Desde el final de la II Guerra Mundial no se ve tal cantidad de personas forzadas a migrar, 65 millones según los cálculos más optimistas. Las guerras, la vulneración de derechos humanos y  la precaria situación económica, política y social  de sus países, impulsan a miles de personas a dejar sus hogares en busca de mejores condiciones de vida, o simplemente para asegurar su vida. A estas causas se unen ahora los efectos del cambio climático que ya se empiezan a notar en forma de sequias prolongadas o inundaciones de poblaciones costeras.

De todas estas causas la UE no pude sentirse totalmente ajena y en todas ellas tiene gran parte de responsabilidad. Por tanto debe ser mayor su compromiso para con las personas que llegan ahora a sus fronteras y a las que es su obligación dar acogida y refugio, obligación que la propia UE se autoimpuso. ¿O pensaba que la obligación de acoger iba a recaer siempre en otros países?

Temiendo perder su nivel de vida la UE sigue haciendo dejación de sus responsabilidades y en una nueva vuelta de tuerca destina parte de sus partidas de cooperación internacional (que nunca, salvo honrosas excepciones llegaron al 0,7 % del PNB recomendado por la ONU), a sus mismos programas de asilo y refugio. De esta manera los países donantes se convierten automáticamente en países receptores de sus propias ayudas.

Y todo ello fomentando o tolerando un discurso del miedo y odio la extranjero. ¿Qué ha pasado con la vieja Europa? Pues que al contrario que los buenos vinos, empeora con la edad y cada vez es más vieja y más ruin. Y eso no merece un premio sino un buen tirón de orejas.

 

Sonsoles Garcia-Nieto

Presidenta de la Red de ONGD de Madrid.

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