La Guía del Buen Festejo

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Esta publicación es el resultado del trabajo conjunto de la Red de ONGD de Madrid y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). En el marco del proyecto Construyendo Barrios 2030 que busca acercar los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nuestra realidad más inmediata, queremos contribuir a concienciar a la sociedad madrileña sobre la urgente necesidad de comenzar a festejar nuestras tan queridas y esperadas fiestas desde una actitud responsable y comprometida con el medioambiente y las personas. Unas fiestas sostenibles no son algo nuevo. De hecho, es el despilfarro sin tino, promovido en buena parte por el bombardeo publicitario, el que ha venido a usurpar la esencia de nuestros festejos.

 

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Descubre las coplas que hay detras de la palabra CELEBRAR:

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¡Qué bonitas son las fiestas,
y qué rica la comida!
si no fuera porque llevo
diez horas en la cocina…
Además de hacer la compra,
y pensar en las alergias,
tengo que poner la mesa
y meditar bien las sinergias…:
Al cuñado no lo sientes
con la prima de la Luisa
porque presume de ateo
y ella no sale de misa.
Ni se te ocurra juntar
a mi primo con la tuya
que además de no fregar
siempre lanza alguna pulla.
¡Qué bonitas serían las fiestas
sentadita en mi sillón,
dando instrucciones al clan
mientras yo ya tengo plan:
mi vinito y mi jamón!

 

Un paquete inesperado
me ha entregado hoy el portero,
con el plástico sobrante
¡ya tengo un invernadero!
He tardado cuatro horas
en abrir dicho paquete,
detrás de tanto envoltorio
¡parece que hay un filete!
Extraño suceso ha sido
el del filete viajero,
¡cuando tengo yo a tres metros
un grandioso carnicero!
Tampoco tiene sentido
envolver así el jamón,
pues cuando llego a la loncha
parece que he desenvuelto
al mismo Tutankamón.
El consejo recibí
de dejar el coche en casa;
al principio tuve miedo,
¿y si algo malo me pasa?
Poco a poco comprendí
que llevarlo hasta el retrete
era una muestra evidente
de ser un poco zoquete.
Al cabo de unas semanas
asumí yo la lección,
¡qué sorpresa, qué ilusión!
¡si nada malo te pasa!
te ahorras un sofocón,
los atascos, aparcar,
¡y vuelves entero a casa!
Descubrí el autobús,
el metro, la bicicleta…
Ahora me muevo sin humo
y tengo piernas de atleta..
Echan humo mis tarjetas
por hacer frente a los gastos,
¿es acaso necesario
incurrir en estos fastos?
Vendrá después el lamento
por haber sido un mamerto
y haberme endeudado tanto.
No seas tacaño, -me dicen-,
estas fiestas son así,
Y yo sigo la corriente
pues obediente nací.
¿No podríamos, pregunto,
disfrutar sin arruinarnos?
Mi familia está frenética,
¡maldita banda magnética!
Las pasadas navidades
me llevé una decepción,
sobredosis de bombillas,
¡menuda iluminación!
Yo que siempre había anhelado
de los ovnis invasión,
al principio, inocente,
y entre el calor de la gente,
vi colmada mi ilusión:
¡ya está aquí y aquí aterriza!
¡por fin la nave nodriza!
Estas palabras me dije,
mas al segundo maldije
al ver mi completo error.
¡Eran luces navideñas
alumbrando la ciudad,
farolillos, brili-brilli,
un pelín barbaridad!
Ahora entiendo a la Martirio,
ella y sus gafas de sol.
Por si acaso desde entonces
llevo las gafas de ski,
no son buenas, son normales,
pero así voy protegido
de destellos espaciales.
Comprar por comprar no es bueno,
os voy a explicar por qué.
Resulta que en el delirio
de tener que regalar,
eran tantos los regalos
que me metí en “Armazhón”
y ahí me puse las botas
con solo darle a un botón.
¿Qué pasó? Que todo cutre,
de mala fabricación.
El día de los regalos,
abrió la abuela el paquete…
era su cara un poema
de susto y de decepción.
Los colores, muy distintos,
las tallas, ¡todo un horror!
Mi abuela, muy maja ella,
no me quiso preocupar.
“No te apures, hijo mío,
que lo podremos cambiar.
Vayámonos a la tienda
y arreglemos el entuerto”.
Y es ahí que medio muerto,
veo la que se avecina,
pues para cambiar el regalo
tendría que mandarla a China…
Este año he renunciado
a preparar la intendencia,
pues la comida que sobra
me parece una indecencia.
Aunque vengan cuatro gatos
se cocina para cien,
no vaya a ser que se diga
que aquí no se come bien.
Cochinillos, langostinos,
bacalao de lslas Feroe,
el jamón con sus virutas…,
menos mal que yo de postre:
mi querida sal de frutas.
Después toca almacenar
los excesos del festejo,
aquí un tupper con codillo,
aquí uno de salmorejo.
Al final se pudre todo
y lo tienes que tirar.
¿No sería más cabal
si sabes que vienen cinco,
para cinco cocinar?
Al niño le han regalado,
-Manolo , mira qué guasa-
cuatro kilos de scalextric,
¡hay cartón para una casa!
También tengo en la cocina
unas botellas de ron,
los restos de la cecina
y un poco de champiñón.
Siete latas de conservas,
un kilo de espumillón,
unas pilas, unas velas,
y un zapato de charol.
¿Qué hago? ¿Lo tiro todo?
¿O me monto un mercadillo?
¡Mejor no, que allí me dejas
comiéndome un bocadillo…!
Dime algo, que me angustio,
¡no puedo con la basura!,
veo el cubo a reventar,
…y tú estás un poco mustio!
Marisa, no te me alarmes,
mi mal es solo cerveza,
vaya todo al mismo saco
reciclar me da pereza…

 

 

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