SIRIA Y EL ETERNO JUEGO DEL ESCONDITE

SIRIA Y EL ETERNO JUEGO DEL ESCONDITE

publicado en: 2015, Histórico, La RED se mueve | 0

Rob Rouen. Representante regional de Acción contra el Hambre en Oriente Próximo.

Olivier Longué. Director General de Acción contra el Hambre

El 15 de marzo se han cumplido cuatro años de violencia y huida para 12,2 millones de sirios. 3,2 millones han tenido que esconderse fuera de sus fronteras

“Mi alma está exhausta”. Con estas cuatro palabras resume la señora Zaienb su estado vital en el asentamiento informal de Fayda, cerca de Zahle, en el Bekaa (Líbano).  No es fácil explicar el cansancio que conlleva la vida “provisional” de alguien que se esconde durante cuatro años. Visualmente podemos hacernos una idea: unas lonas y unas mantas que emulan casas, filas organizadas para recibir la ayuda humanitaria en forma de alimentos o agua segura, algunas actividades para tratar de organizar la autogestión del campo… y, cubriéndolo todo, como el manto de nieve que hace muy poco se posaba sobre estos asentamientos, la espera. Una espera indefinida en la que solo cabe reposar la mirada en un horizonte de tiempo tras el cual está el regreso a casa, en el mejor de los casos, o la adquisición de derechos para poder vivir con un ápice de normalidad (derecho a trabajar, por ejemplo, a buscarse la vida, a escolarizarse y acceder a servicios públicos…). Paradójicamente este horizonte está hoy, cuando se cumplen cuatro años del inicio del conflicto, un paso más lejos.

Cuatro años de huida. Demasiado tiempo para demasiadas personas (7,6 millones dentro de Siria y otros 3,2 millones en los países vecinos). Dentro de Siria, la economía se ha contraído un 40 por ciento en estos cuatro años. La esperanza de vida ha disminuido en 12,7 años y tres de cada cuatro sirios vivían ya en la pobreza a finales de 2013. Todos estos datos han dado a esta situación el dudoso honor superlativo de ser la crisis humana más grave del siglo. Merece la pena, en su cuarto aniversario, detenerse sobre tres factores que están haciendo más y más largo este juego del escondite.

  • Una solución política es la única solución posible al conflicto. Pero, cuatro años después, las negociaciones entre las partes enfrentadas están en vía muerta. Las Naciones Unidas estiman que 2015 terminará con 4,27 millones de refugiados: serían 1,18 millones de nuevos refugiados respecto a diciembre de 2014. Sin una mesa de negociación entre las partes enfrentadas facilitada por la comunidad internacional se corre un serio riesgo de enquistamiento del conflicto, y no sería el primero en hacerlo en la región.
  • Los donantes empiezan a estar cansados. La comunidad internacional apenas ha cubierto el 61% de los 6.000 millones de dólares reclamados para la respuesta humanitaria. Recientemente el Programa Mundial de Alimentos se ha visto obligado a reducir su ayuda alimentaria a los refugiados sirios en Líbano por falta de fondos. También los donantes privados empiezan a mostrar cierta fatiga y su atención se ha visto desplazada hacia otras crisis como la del ébola. Occidente muestra, por otra parte, poca voluntad de reasentar a parte de los refugiados. Acción contra el Hambre ha unido su voz a la de otras organizaciones para pedir que los países occidentales reasienten en su territorio al 5% de los refugiados (unas 180.000 personas) en 2015. Hasta el momento solo han acogido al 2% de los refugiados. Entre 2013 y 2014, España solo ha ofrecido 130 plazas de reasentamiento para refugiados sirios.
  • Los países de acogida también empiezan a agotarse. Lo cierto es que hasta el momento todo el peso de los refugiados está cayendo sobre los países de la región (1,1 millones en Líbano, 1,6 millón en Turquía, 620.000 en Jordania). Líbano, un país de poco más de cuatro millones de habitantes, acoge a más de un millón de sirios, con toda la presión que eso supone sobre su economía y sus recursos naturales. El país acaba de endurecer recientemente las medidas para pasar sus fronteras, imposibilitando la huida a miles de sirios que quedan atrapados así en un destino incierto del que existe muy poca información. Con las fronteras cerradas, la única salida pasa por aventurarse como polizones para tratar de llegar a Europa, una solución desesperada cuyas dramáticas consecuencias hemos podido ver en los últimos meses frente a las costas italianas.

El aniversario del 15 de marzo puede servir para devolver por un momento la mirada de la opinión pública sobre esta región al otro lado del Mediterráneo. Y para poner sobre la mesa de la opinión pública y comunidad internacional, y en lo posible también en la agenda de los responsables del conflicto, la situación real de estos niños, mujeres y hombres, con esfuerzos y voluntad renovada para empezar a escribir el final de esta larga historia.

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